
Mizaru: era el mono ciego. No necesitaba su sentido de la vista, puesto que se encargaba de llevar los mensajes que le contaba Kikazaru hasta el tercer mono, Iwazaru.
Iwazaru: el tercero de los tres monos era el mono mudo, Iwazaru, que escuchaba los mensajes transmitidos por Mizaru para decidir la pena de los dioses que le caería al desafortunado y observar que se cumpliese.
Más allá de su evolución en el tiempo, esta leyenda es un compendio maravilloso de la vida social y de la actitud del hombre. Los dioses encargaron la misión a un grupo, no a uno sólo, y cada uno de ellos tenía virtudes pero un defecto. Uno era sordo, otro ciego y otro mudo, pero se complementaban entre sí, conocían su rol y lo cumplían de acuerdo a las instrucciones de los dioses.
El orden se formaba y se ejecutaba en un sentido grupal, y cada uno de los que detentaban esa condición sabia que necesitaba del otro, porque tenía una incapacidad o un defecto. Las sociedades modernas muchas veces se olvidan de dichas condiciones y asumen una actitud inconfundiblemente autoritario disfrazada de paternalismo.
Cuántas sociedades viven años, décadas, sin poder elegir su estilo de vida, sus representantes, porque los líderes manifiestan que no estan preparadas o que sólo ellos pueden decidir. O me votan a mi, o vuelve el desastre que ya hemos vivido. Suena conocido, y se repite sobretodo en las jóvenes naciones latinoamericanas, que pendulan entre el poder electo y el poder de facto, y entre la libre expresión y el autoritarismo, de cualquier índole, de izquierda, de derecha, de centro, antiguo, nuevo, antiquísimo o novísimo.
A la figura de los monos sabios, he antepuesto dos imágenes que se le oponen, el del borrego y el del asno. El borrego es un animal joven, inexperto, que necesita crecer y capacitarse. Proclive a ser confundido por algunos más expertos o más adultos, y llevados a realizar no su voluntad, sino la de los que los confunden. Muchos sectores de nuestras sociedades adoptan esa actitud, por temor, por indiferencia, por comodidad, por ignorancia o por conveniencia.
El peligro de esta actitud es que se propaga a otros miembros del sector y a veces a otros sectores. El asno es un caballo pequeño, orejudo, que en su segunda acepción adopta la figura de una persona sin luces, ignorante o desubicada. Muchos sectores con poder, adoptan la figura del asno, sienten tanto poder que muchas veces su comportamiento obra en su contra, y el de sus congéneres, obligando a muchos a seguirlos en sus desatinos.
Siguen empecinados y obsecuentes con su conducta, sin comprender, a veces también sin darse cuenta, que los deteriora, los desubica y los retrasa en la consecución de sus proyectos. Muchas veces uno siente la congoja y la tristeza de estar ante una sociedad de borregos y asnos, en lugar de una sociedad de monos sabios. Volvamos a la leyenda. Los monos sabios son enviados de los dioses. Por lo tanto son necesarios, y están en el cuerpo social aunque a veces no se noten.
A través del tiempo hemos visto muchas veces cómo han pasado inadvertidos para su momento, y como otros han rescatado su valor y su mensaje y sobre todo su marca, el haber señalado los males y el haber intentado que sean cumplidas sus penas. Lo importante es percibirlos en su tiempo, escucharlos, tener en cuenta sus reflexiones y tratar de sacar provecho de ellas.
Confrontarlas con la actitud que tenemos ante la vida, ante la sociedad, y ante nuestros contemporáneos, y en alguna medida tratar de cambiar para ser mejores. Recuerdo una frase de un periódico argentino atribuida a Sócrates: Dios me puso sobre la ciudad como un tábano sobre un noble caballo, para aguijonearlo y mantenerlo despierto.
Fuentes: Blog de los lectores
Significado de los tres monos sabios
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